La sexualización de los lenguajes de programación

Cuando traducimos términos de programación al español, a menudo incorporamos metáforas humanas, familiares o biológicas que no existen en el lenguaje original. Decir "clase hija", "componente padre" o "oyente" peden cambiar el sentido original del concepto técnico. Los lenguajes de programación fueron diseñados para ser claros y literales; adornarlos con metáforas es alejarnos de su precisión.
El lenguaje como forma de pensamiento
El lenguaje de programación no solo es un conjunto de reglas y sintaxis: también es una forma de pensar.
Y cuando intentamos traducir ese pensamiento —diseñado originalmente en inglés— al español, muchas veces caemos en trampas lingüísticas que terminan distorsionando las ideas que intentan expresar.
Uno de los ejemplos más claros aparece en la orientación a objetos. En Java, por ejemplo, hablamos de classes que pueden ser extended. Es decir, una clase puede extender a otra, heredar su comportamiento y agregarle nuevas capacidades.
En inglés, esto se entiende con naturalidad: una extended class es simplemente una clase que amplía otra.
Pero cuando traducimos al español, la historia cambia. Decimos “clase hija” y “clase padre”. La metáfora familiar parece inocente, pero introduce una personificación innecesaria del código. De repente, el concepto técnico de jerarquía se convierte en una relación biológica. Y esa metáfora, que no existe en el código, condiciona cómo lo pensamos: nos hace creer que una clase “hija” depende directamente de su “padre”, cuando en realidad lo único que existe es una relación jerárquica en el código, donde una clase amplía o reutiliza el comportamiento de otra.
En otras palabras, una clase no nace de otra; la extiende. No hay reproducción, hay ampliación. No hay paternidad, hay estructura.
React y los “componentes hijos”: otra confusión heredada
Algo similar sucede en el ecosistema de React. Allí hablamos de parent components y child components. La traducción literal sería “componentes padre” y “componentes hijo”, y otra vez caemos en la misma metáfora biológica que nada tiene que ver con la idea original.
En realidad, la relación que describe React no es de parentesco, sino de contenimiento.
Un parent component es un contenedor, y un child component es contenido dentro de él.
El foco no está en quién engendra a quién, sino en cómo se organiza la interfaz: qué elemento contiene a otro, quién lo renderiza, cómo se estructuran las jerarquías visuales y funcionales.
Pensar en “padres” e “hijos” puede llevarnos a imaginar un árbol genealógico, cuando en realidad estamos trabajando con una estructura de composición.
Los lenguajes se diseñan para ser claros, no poéticos
Los creadores de lenguajes de programación piensan cuidadosamente cada palabra que eligen.
Cada comando, palabra clave o concepto busca ser preciso, directo y representativo de la acción que realiza.
Cuando decimos print, simplemente queremos imprimir algo en consola. Cuando usamos extends, indicamos que una clase extiende funcionalidades.
Y eso es todo.
No hay metáfora, no hay historia detrás.
Los lenguajes de programación se diseñan con la intención de que la palabra sea la acción, sin adornos ni ambigüedades.
Por eso, cuando intentamos “embellecer” o traducir con metáforas —como “padre”, “hijo”, “promesa” o “escuchador”—, en realidad nos alejamos del diseño original, que busca claridad y exactitud.
Las metáforas pueden servir para enseñar, pero si se vuelven costumbre, terminan entorpeciendo el pensamiento técnico.
El peso cultural del lenguaje
El español, como muchos idiomas latinos, tiende a humanizar todo lo que nombra. Cada sustantivo tiene género, y las relaciones tienden a representarse con vínculos personales o familiares.
Por eso, al traducir términos técnicos del inglés —un idioma mucho más neutro y abstracto—, terminamos imponiendo una capa de interpretación humana sobre conceptos puramente lógicos.
Esto no es un detalle menor.
El lenguaje condiciona la forma en que pensamos, y cuando el lenguaje técnico se contamina de metáforas equivocadas, terminamos razonando desde imágenes en lugar de estructuras.
Un lenguaje más preciso para pensar mejor
Quizás sea hora de revisar nuestro vocabulario técnico.
- En lugar de “clase hija”, digamos clase extendida.
- En lugar de “componente padre”, usemos componente contenedor.
- En lugar de “componente hijo”, componente contenido.
- En lugar de “oyente”, suscriptor.
No se trata de purismo lingüístico, sino de precisión conceptual. Las metáforas ayudan a entender, pero también pueden engañar.
Y en programación, donde cada palabra tiene peso, pensar mejor empieza por hablar con precisión.