
Si la IA ayuda a producir más con menos costo y menos personas tienen ingresos suficientes o estables, ¿quién compra todo lo que las empresas producen con mayor eficiencia?
La discusión sobre tecnología y empleo no trata solo de puestos laborales. Trata de demanda agregada. Una economía puede mejorar productividad, automatizar procesos y reducir costos. Pero si al mismo tiempo reduce masa salarial o concentra ingresos en una porción pequeña de la población, también limita la capacidad de consumo que sostiene ventas, inversión y expansión.
Daron Acemoglu, economista del MIT, viene señalando desde hace años que buena parte de la automatización moderna desplazó trabajadores más rápido de lo que creó reemplazos equivalentes. El efecto no fue únicamente menor empleo en ciertos segmentos, sino también sustitución por ocupaciones de menor ingreso o menor estabilidad.
El resultado fue una estructura más polarizada: crecen los puestos de alta calificación y también los de baja remuneración, mientras se reduce el peso de los empleos intermedios. Desde el punto de vista macroeconómico, eso importa porque los ingresos medios suelen tener mayor propensión al consumo que los estratos más altos.
Ahí aparece una tensión clásica: las empresas necesitan eficiencia para competir, pero también necesitan demanda para vender.
Si la productividad aumenta y una parte relevante de los beneficios no se traduce en ingresos más distribuidos, la economía gana capacidad de oferta pero puede perder capacidad de absorción. Se produce más, pero no necesariamente se vende más al mismo ritmo.
También conviene evitar explicaciones lineales. No todo respondió a la automatización.
En varios análisis sobre Estados Unidos, la liberalización comercial, el offshoring y ciertos procesos de desregulación explican buena parte del deterioro industrial y salarial de las últimas décadas. El llamado China Shock suele citarse como ejemplo de presión competitiva que afectó empleo, salarios y economías regionales.
Mientras se discutía sobre robots, muchas decisiones venían firmadas en Excel 2007.
La discusión vuelve hoy con la inteligencia artificial. Puede elevar productividad, reducir costos operativos y acelerar innovación. Pero también puede profundizar un problema conocido: capacidad creciente de producir sin una expansión equivalente de la demanda.
La misma herramienta puede complementar trabajadores, elevar ingresos y ampliar mercados, o reemplazar empleo y concentrar rentas. El impacto final depende menos del algoritmo que de cómo se implemente y de cómo se distribuya la ganancia de productividad.
Porque sin consumidores suficientes, incluso la empresa más eficiente termina vendiendo menos de lo que esperaba. Y cuando se vende menos, también se invierte menos y se crece menos.
Lo saqué de acá:
- MIT News — Study links automation to growing wage inequality
- AEA — Automation and New Tasks: How Technology Displaces and Reinstates Labor
- China Shock working paper
- Import Competition, Unemployment, and the Decline of Local Labor Market Adjustment
- Chinese Imports and Innovation, IT and Productivity
- World Bank document on jobs, trade, and technology