
En Villa Mercedes y Córdoba ya existe una escena que hace pocos años sonaba a ciencia ficción de bajo presupuesto: trabajadores con iPhones 11 y 12 sujetos a la cabeza recorren fábricas, comercios y hogares mientras registran movimientos de manos, rutinas y tareas cotidianas. No están filmando una serie experimental, sino entrenando inteligencia artificial. La empresa detrás es Atlas Capture, filial de Mecka.ia, que en octubre de 2025 instaló su primera base sudamericana en Argentina para expandir su red global de datos físicos.
El método es simple y sofisticado a la vez, una combinación frecuente en la economía digital. La compañía contrata grabadores locales, provee los equipos y les asigna capturas egocéntricas: la cámara registra desde la perspectiva del trabajador, enfocada en manos y acciones, nunca en rostros ni datos personales. Luego ese material se revisa para eliminar información sensible y cada participante firma acuerdos de confidencialidad. Dicho en términos elegantes: privacidad controlada. Dicho en términos terrenales: alguien limpia horas de video para que una máquina aprenda a abrir cajones sin crisis existencial.
La escala no es menor. Atlas Capture maneja proyectos mensuales de entre 5.000 y 20.000 horas de grabación, cuenta con 50 empleados y 17 asociados locales, y ya pasó por más de 160 establecimientos entre fábricas, negocios y hogares. Ese volumen alimenta sistemas de visión por computadora, percepción de tareas y manipulación de objetos destinados a robots domésticos e industriales humanoides. Es decir, no se trata de enseñar a un chatbot a escribir correos más simpáticos, sino a una máquina a entender el mundo físico, donde todo pesa, se cae y rompe cosas.
Según Lautaro Porras, el objetivo no es reemplazar trabajadores, sino facilitar y mejorar su labor. También sostiene que el proyecto genera ingresos reales para personas y empresas locales. Ambas afirmaciones pueden ser ciertas al mismo tiempo, lo cual vuelve el asunto más interesante y menos cómodo.
El caso argentino encaja en una tendencia global conocida como ghost work: el trabajo invisible que sostiene la IA. Antes era etiquetar imágenes o moderar contenido; ahora también implica grabar cómo se pela una fruta, se acomoda una caja o se usa una herramienta. Mecka.ia ya opera en Toronto, Bali, Vietnam, Kenia y Filipinas, mientras en Estados Unidos proliferan capturas similares con GoPro y vinchas en hogares urbanos donde siempre sobra alguien dispuesto a monetizar el futuro.
En paralelo, la demanda de entrenadores de IA se disparó en 2025. Plataformas como Deel reportaron crecimientos globales explosivos, con Argentina y Colombia entre los mercados más dinámicos. En el país, estos trabajos rondan los 20 dólares por hora, pagos semanales y promesa de flexibilidad. Nada mal para una economía que suele ofrecer incertidumbre gratis.
La ironía final, por supuesto, permanece intacta: hoy son empleos reales y mejor pagos que muchos tradicionales, pero producen exactamente los datos que permitirán automatizar esas tareas mañana. El capitalismo tecnológico rara vez pierde el sentido del humor.
Si te interesó, lo saqué de acá: